Nuestra historia

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Hacienda San Andrés:

Seis siglos de historia, un hogar en el campo

Historia viva

La historia de Hacienda San Andrés comienza en 1535, aunque la región ya era considerada por los antiguos nahuas como uno de los tres paraísos terrenales. Con el paso de los siglos, la hacienda fue testigo de la epopeya mexicana: sus bosques proveyeron madera para la construcción de ferrocarriles, sus muros vieron pasar a lo lejos la Guerra de Independencia y, más tarde, sirvió como cuartel para tropas revolucionarias y federales.

Pero la historia no se detuvo. En 1978 Vicente Silva y Edna Necoechea buscaba un espacio para producir cine y televisión educativa y encontrarón San Andrés.

Desde entonces, la hacienda ha sido imán para espíritus inquietos y creadores. En 1980, el astronauta ruso Valery Riumin, que pasó un año en la luna, visitó San Andrés. En 1983, Federico Silva pintó el mural abstracto que hoy custodia la capilla, mientras Ángela Gurría esculpía la puerta que nos recibe. En 1986, el cineasta Felipe Cazals filmó aquí "Las Inocentes". En 2006, llegó el conde Tolstói, bisnieto del gran escritor ruso. Y en 2010, el globo aerostático "La Victoria" atravesó los volcanes desde Puebla hasta la hacienda, cruzando el Paso de Cortés para conmemorar los 100 años de la aviación en México.

En 2016, Hacienda San Andrés se convirtió en hotel-gourmet, dando un nuevo sentido a estos muros: el de compartir nuestra mesa, nuestro campo y nuestro silencio con quienes nos visitan.

Hoy: un hogar farm-to-table

En Hacienda San Andrés cultivamos más que alimentos: sembramos experiencias. Nuestra granja y huerto son el corazón de la cocina. De aquí obtenemos los ingredientes frescos que llegan a tu mesa, en un recorrido que va de la tierra al plato en el menor tiempo posible. Ese compromiso con lo auténtico y sustentable trasciende nuestras puertas. Nuestros productos viajan también a Broka, nuestro proyecto hermano en la colonia Roma, y algunos otros restaurantes de la CDMX.

Un refugio para las artes

 

La hacienda ha sido, desde siempre, un imán para la creatividad. En nuestros jardines, Diego Rivera pintó su primer cuadro conocido, "La Era", dejando testimonio de la belleza del paisaje y la arquitectura del lugar.

Pero quizá el espacio más sagrado sea la capilla del siglo XVI, construida sobre un centro ceremonial azteca. Su ubicación no es casual: forma un triángulo equilátero con la punta del Popocatépetl y la cabeza de la Mujer Dormida, convirtiéndose en un punto de energía y espiritualidad única.

Dentro de la capilla, un mural de Federico Silva (Premio Nacional de Artes) dialoga con la historia. El crítico Xavier Moissen lo considera "la tercera gran obra del muralismo mexicano del siglo XX, junto a las de Diego Rivera y José Clemente Orozco". Y la hermosa puerta-escultura de Ángela Gurría nos recuerda que el arte puede habitar cada rincón.

Entre la siembra, el silencio que sana

La hacienda está rodeada de campos de cultivo que se extienden hasta donde alcanza la vista. Aquí el ruido de la ciudad se disuelve y solo queda el viento moviendo la milpa, el canto de las aves y, sobre todo, un silencio profundo que invita a la pausa, la introspección y la recuperación.

Es el lugar ideal para retiros de bienestar, escapadas en pareja o simplemente para desconectar y no hacer nada. Puedes perderte en nuestro laberinto natural, asomarte al campanario, visitar la granja o caminar sin prisa mientras el valle se abre ante ti.

Y si buscas algo más, ofrecemos actividades que conectan con la esencia del lugar: talleres de cocina con ingredientes de la huerta, paseos guiados por la historia, catas de vino o sesiones de yoga al aire libre.

Nuestro campo: alimentamos la tierra que nos alimenta

En Hacienda San Andrés creemos en un ciclo sagrado: alimentamos a la tierra para que ella nos alimente a nosotros. Por eso, cuidamos la salud de nuestro valle como se cuida un hogar.

Este valle ha sido campo de siembra durante cientos de años, y queremos que lo siga siendo por muchos más. En 2014 iniciamos un proyecto que puso a los alimentos saludables en el centro de nuestra casa. Desde entonces, sembramos hortalizas, cereales y frutos de manera limpia y responsable, con un objetivo claro: devolverle a la tierra la materia orgánica, los minerales y los nutrientes que décadas de maltrato le habían arrebatado.

Nuestros animales también son parte de este círculo virtuoso. Se alimentan con los productos que cultivamos nosotros mismos y los tratamos con respeto y amabilidad. Eso nos regala, a cambio, una carne sana, nutrida y libre de antibióticos.

Maíz criollo: semilla de identidad

Preservar nuestras raíces es preservar nuestra esencia. Por eso sembramos maíz criollo a la manera tradicional, como se ha hecho aquí durante generaciones. Desde hace 35 años, seleccionamos la semilla año con año para quedarnos con la mejor y asegurar que la especie original no se pierda. Hace un par de años, sumamos maíces de la zona de Tlaxcala, y seguimos buscando semillas auténticas del valle de México. Porque cada mazorca guarda una historia que queremos que siga contándose.